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15 de enero de 2014

LA QUIMERA DEL ORO

(GOLDEN RUSH) Es una pelicula estadounidense de cine mudo escrita, dirigida, producida y protagonizada por Charles Chaplin en 1925. A mi me gusta más en versión sonora del año 1942, con un nuevo acompañamiento musical y narración en off del propio Chaplin, y recibió dos nominaciones a los Óscar por mejor sonido y mejor banda sonora. 
La historia es divertida, entretenida y original. El tema principal de la película es la importancia del dinero, de cómo una persona pasó de ser humillado a admirado por el mero hecho de ser rico. Aunque el film aparentemente acaba bien, su sentido final es ese, Charlot consigue el respeto por medio del dinero.
Esta comedia cuenta las vivencias de un vagabundo (Chaplin) que se aventura a buscar oro en las montañas de Alaska; sin embargo, una fuerte tormenta de nieve lo llevará a refugiarse en la cabaña de un peligroso bandido (Black Larsen) perseguido por la ley.
Gracias a la misma tempestad, Chaplin conoce a otro hombre, Big Jim McKay (Mack Swain), quien se volverá su amigo. A partir de ese momento, su fortuna tanto económica como sentimental cambiará completamente, pues por azares del destino también encuentra a una bella mujer llamada Georgia Hale. Sobra decir que la actuación de Chaplin es majestuosa, que la creatividad tanto en las imágenes, música, fotografía, efectos visuales (innovadores para la época) y el guión son extraordinarios.
Una de las escenas que más destacan por su comicidad, es aquella en la que el personaje interpretado por Chaplin, invadido por el hambre, cocina y come su propio zapato. Asimismo, la secuencia del baile ejecutado con dos panes clavados en un par de tenedores es memorable, al grado de que varios anuncios publicitarios la han imitado hoy en día.
Se aprecia lo bien hecha que está en comparación con una gran mayoría de películas actuales y todo ello sin disponer de la mitad de los medios que hay en la actualidad para la realización de películas, y sin ni siquiera utilizar ni la planificación ni el montaje, algo imprescindible hoy en día para la realización de una película.

1 de marzo de 2013

FANNY Y ALEXANDER de INGMAR BERGMAN

Fanny y Alexander (1982) es una película  dirigida por Ingmar Bergman,  ganadora de cuatro Oscar. Ingmar Bergman fue nominado como mejor director y mejor autor de guion original. Alexander es en Fanny y Alexander el alter ego más claro que ha aparecido en toda la filmografía del realizador sueco. Bergman deshace en este guión la madeja de sus recuerdos de infancia, los reales y los imaginados, los amargos y los felices. Y seran estos últimos, precisamente, los que conseguiran triunfar y erigirse como base del mensaje del filme. Fanny y Alexander explica la historia de dos hermanos, miembros de una acomodada familia sueca, que se ven de repente enfrentados a la muerte de su padre y a la posterior tutela de un obispo con el que su madre se vuelve a casar, un luterano de mano férrea y costumbres austeras con el que los tres sufrirán una vida totalmente opuesta a la feliz comodidad familiar a la que estaban acostumbrados. Ingmar Bergman conocía de primera mano la rigidez del hogar de un religioso luterano de principios del siglo veinte, puesto que su propio padre era pastor protestante, representado en la figura del obispo Vergérus y en su relación con los niños, en especial con Alexander. El castigo será la única vía, según Vergérus, para que el niño aprenda a amar la verdad, dado que el pequeño tiende, como el mismo Bergman había hecho en su infancia, a fantasear con historias de su invención, como la que explica sobre la responsabilidad del obispo en la muerte de su anterior mujer e hijas o el bulo que cuenta en el colegio asegurando la intención de su madre de venderlo a un circo, historia esta que Bergman realmente contó a sus compañeros de colegio cuando sólo contaba con siete años. La imaginación rebasa los límites del personaje para introducirse como característica del mismo discurso del narrador cinematográfico (el propio Bergman), por lo que en el relato se introducen algunas situaciones en las que la verosimilitud deja paso a la fantasía más desbordada y que no tienen relación directa con Alexander o con sus actos, por lo que demuestran que el relato entero está narrado desde la subjetividad del autor. Muestra de ello son la conversación de la abuela Helena  con su hijo muerto, el inexplicable milagro con el que el judío Jacobi  engaña al obispo cuando rescata de su casa a los niños, la fantástica tienda de antigüedades que este regenta, un lugar mágico más propio de un cuento que de la realidad o la introducción del enigmático personaje de Ismael, figura casi diabólica de apariencia andrógina, que desencadena la resolución de la trama. Fanny y Alexander es pues un film en el que la fantasía y la realidad se entrecruzan, un relato que es narrado desde dos puntos de vista diferentes, una serena y madura mirada retrospectiva al pasado y una fantasiosa visión infantil sobre la realidad. Los dos narradores, el Bergman adulto y el pequeño Ingmar/Alexander, se relevan en la exposición del relato, configurando al fin un bellísimo diario imaginado en el que nada es lo que parece, aunque todo sea posiblemente cierto.
El blog es sobre el cine, pero debo mencionar el libro de Ingmar Bergman Fanny y Alexander (1982) que completa la impresión de la pelicula.